Hay una divergencia clara entre el proyecto inicial que te venden cuando empiezas, a lo que después te encuentras en realidad. Gran decepción.
No se valoran los resultados, lo que se valora es el presencialismo.Allí el empleado mejor valorado es el que aparenta que hace más, o el que está bien relacionado con los de arriba, y no el que trabaja por resultados y aporta talento y valor a la organización.
Los equipos no tienen bien definidos sus objetivos y las personas que lideran los equipos tienden a ejercer un tipo de liderazgo paternalista y autoritario. Las reuniones a veces recuerdan a reprimendas por parte de una figura autoritaria a sus sublevados.
Falta de honestidad y claridad con el trabajador interno y externo. Prácticas poco éticas.
Equipos de trabajo poco efectivos y mucha desorganización.
Presumen que son una organización con jerarquía plana pero en realidad es todo lo contrario.
Nunca admiten sus errores.
No escuchan a sus empleados.